El momento que se plasma aquí cambió el curso de la historia del budismo.
Realizada en el sudeste asiático a principios del siglo XX, esta estatua de Buda de bronce representa el momento de la iluminación. Su mano se extiende hacia la tierra en el Bhumisparsha Mudra, también conocido como el gesto del «Testigo de la Tierra». Según la tradición budista, fue en ese momento cuando el Buda invocó a la tierra para que diera testimonio de los innumerables actos de virtud que le habían guiado en su camino hacia el despertar.
Hay una fuerza silenciosa en esta figura. La postura es tranquila, la expresión serena; sin embargo, la historia que cuenta es una de perseverancia, convicción y transformación. Nos recuerda que los logros más significativos de la vida suelen ser fruto de la paciencia, la resiliencia y una determinación inquebrantable.
Los lóbulos de las orejas alargados, la túnica monástica que cae con fluidez, el trono de loto y la ushnisha que se eleva desde la coronilla se encuentran entre los elementos más perdurables del arte budista. En conjunto, simbolizan la sabiduría, el despertar espiritual y la capacidad de elevarse por encima de la ilusión y la distracción.
Desde hace generaciones, las imágenes del Buda en el Bhumisparsha Mudra se han colocado en hogares, templos y espacios dedicados a la reflexión. Su mensaje sigue siendo tan relevante hoy como lo era hace un siglo: la verdadera transformación comienza desde dentro.
La figura del Buda se entrega completa, sobre su soporte de metal ennegrecido y con su historia impresa dentro de un precioso sobre.
Material: Bronce
Origen: Sudeste Asiático
Período: Principios del siglo XX
Mudra: Bhumisparsha Mudra (Gesto del Testigo de la Tierra)
Dimensiones, incluido el soporte metálico: 28,5 cm de alto x 15 x 12 cm



